(cuando dejas el cuarto a oscuras despidiéndote en susurros hago de tu hueco de la cama un nido en el que creer que sigo a salvo hasta que abro los ojos y me vuelvo agua.)
(cómo decirle
a la persona cuya voz es la única
que querrías escuchar al término del día
como un arrullo infinito
sanador y maleable
en el abrazo tejido en la pureza
de un alfabeto nuevo
tras lo gris e irreparable
del mundo
que su voz es la única
que quieres escuchar al término de cada día
tras lo gris
e
irreparable
de este mundo.)
Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura seria deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverme loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
- siempre dice lo mismo- dirían a mi paso, y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
- los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.
-Gloria Fuertes